Issei Sagawa: "El Caníbal del Bosque de Boulogne"



“Un amigo mío era japonés. Él tenía una novia en París. Durante seis meses intentó salir con ella y de pronto ella aceptó. La llevó a su apartamento, le cortó la cabeza. Puso el resto de su cuerpo en el refrigerador, se la comió a pedazos. La puso en el refrigerador, la puso en el congelador. Y cuando se la comió, tomó sus huesos y los dejó en el Bosque de Boulogne, pero un taxista, por casualidad, lo descubrió enterrando los huesos. ¿No me creen? La verdad es más extraña que la ficción. Al parecer siempre nos dirigimos hacia ella. A lo extraño de la realidad”.
Rolling Stones. “Too much blood”



Issei Sagawa nació el 26 de abril de 1949 en Kōbe, Prefectura de Hyōgo (Japón). Nació prematuramente, y al parecer era lo suficientemente pequeño como para caber en la palma de la mano de su padre. De inmediato contrajo gastroenteritis, una enfermedad del intestino delgado. Con el tiempo se recuperó, después de varias inyecciones de solución salina de potasio y calcio.



Sagawa cuando era un bebé


Siempre fue un estudiante muy inteligente, obsesionado con las mujeres altas de rasgos occidentales. De baja estatura, medía 1.50 metros. Poseía manos y pies pequeños, cojeaba al caminar e incluso su voz era delgada. En algunas entrevistas posteriores, mencionó que era el tipo de hombre que la mayoría de las mujeres no encontraría atractivo.



Pese a su extrema timidez, estaba obsesionado con tener a su lado a "la mujer perfecta". Su fantasía se hizo realidad mientras estudiaba Literatura Inglesa en la Universidad de Wako en Tokio. Ahí se relacionó con una mujer que daba clases de idiomas. Un día de verano se metió a través de la ventana a su apartamento e intentó matarla. Para su deleite, ella estaba dormida y tenía ropa interior muy pequeña que cubría parte de su cuerpo. Buscó algo para apuñalarla o golpearla y descubrió un paraguas. Sin embargo, antes de que pudiera hacer algo, la mujer despertó y al descubrirlo gritó desesperada, provocando la huida del intruso. Issei no olvidaría esa experiencia. Había sido muy fácil estar cerca de una mujer atractiva y si era más cuidadoso con el ataque, podría hacer realidad su fantasía. Empezó a investigar y vigilar a sus potenciales víctimas para planear sus ataques y que no pudieran escapar.



A los 28 años, viajó a París para estudiar y halló a una chica que ya nunca pudo sacar de su mente. Su piel blanca, la forma carnosa de sus nalgas y sus pechos correspondían al estereotipo que buscaba. Se llamaba Renee Hartevelt. Era holandesa, tenía 25 años, hablaba cuatro idiomas (holandés, alemán, francés e inglés) y poseía un futuro prominente. Había viajado por varias partes del mundo, estudiando y relacionándose con personas de diferentes culturas. Su objetivo era un Doctorado en Filosofía o en Literatura Francesa. Issei le pidió que le enseñara alemán; el padre de Issei por ser multimillonario podría pagarle cualquier sueldo. Ella aceptó. Le gustó su inteligencia, su conocimiento de la pintura y literatura europeas.



La holandesa Renee Hartevelt


Renee salía a menudo con él y con frecuencia lo invitaba a su apartamento a tomar el té. Sus continuas salidas a bailes le dieron a Issei un sentido más real de sus macabras fantasías. Al llegar a París, Issei había comprado un rifle calibre 22 para su protección. La noche del 11 de junio de 1981, hizo sentar en el suelo a Renee al estilo japonés para beber el té. Con la bebida mezcló un poco de whisky. Hablaron durante varias horas. Issei le declaró su amor, pero Renee lo rechazó y le explicó que sólo quería ser su amiga. Issei se levantó desconcertado. Después tomó su rifle y le disparó en el cuello. Ella cayó de la silla; él le continuó hablando, pero ella no respondió. Pero el asesinato fue sólo el principio de la historia que estremeció al mundo.



Sagawa llevaba un diario; basado en esas anotaciones, años después publicó un libro titulado In the fog (En la niebla) donde describe, entre otras cosas y de manera detallada, lo que hizo con el cuerpo de Renee después de muerta. Fragmentos de ese diario narran los sucesos ocurridos entre mayo y junio de 1981, en particular los días posteriores al crimen: “París, Francia, mayo de 1981. Soy en mi estilo horrible. Tengo manos y pies pequeños, una voz filosa como la de un eunuco y una cabeza desproporcionada por la cual circula un único pensamiento. Mido un metro cuarenta y cojeo al caminar. Ella en cambio es alta. Su nombre: Renée Hartevelt. Holandesa. Rubia. Por sobre todo, rubia.



"Se ha inscrito a mitad de año en nuestro curso de Literatura Comparada. Desde el primer día me siento a su lado sin dejar de pensar ni por un momento en la blancura de su brazo. Le he pedido que me enseñe holandés o alemán. He aquí la interesante verdad. Reducida. Infinitamente limitada al dominio de las palabras. Ella acepta. Sin duda le divierte el hecho ser la única a quien le hablo. No oculta su asombro frente a mi inteligencia. No finge ni simula como el resto.



Autorretrato de Issei Sagawa


“Es mayo. Caminamos juntos sin parar de hablar bordeando un bosque. Tan rico, tan arrebatador como lo es ella misma. La cuestión de la realidad de ahora en adelante se diluye. Apenas una partícula de coherencia para sostener la historia. Me animo por fin a invitarla a mi departamento. Hemos tenido una conversación agradable, pero algo agotadora acerca de Shiki Masaoka y el mito de su belleza. Antes de irse, le pido que lea por última vez ‘Iglesia Muerta’ de Trakl. Mientras su boca gesticula, la mía se deforma. Cuando se marcha, me dedico a oler y lamer cada sitio donde ella ha estado sentada.








“No necesito tomar prestado ningún motivo. Poco importa. Simplemente, el germen creció tanto que un día todo pareció diminuto. Renée colaboró a transplantarlo. Vuelvo a invitarla. Se ha mostrado complacida con la idea de grabar la lectura de aquel poema que tanto disfruto. Le he dicho que mi intención es hacer oír luego la cinta a un profesor. Cenaremos sukiyaky; trozar, secar y servir. Todo muy sencillo. Prestando atención en no mezclar jamás los olores”.



La última fotografía en vida de Renee Hartevelt, durante una fiesta


“11 al 14 de junio de 1981. Renee repite algunas frases mientras yo preparo la grabadora. A la señal acordada comienza. Siento cómo su voz me traspasa: ‘Lo mira fijo desde muchos ojos en el vacío. Y una voz semejante a todas las otras solloza mientras el espanto crece en el espacio’. De pronto una luz, un fuerte sonido y luego, su cuerpo cayendo de la silla al piso. Sus ojos, su nariz, su boca, la sangre sale por un orificio en su frente. Insisto en hablarle, pero no responde. Trato de limpiarla pero no puedo detener el fluido de su cabeza. Todo está muy callado. Sólo el silencio de la muerte persiste.



El departamento de Sagawa en París


“No había previsto la dificultad que implica desnudar a un muerto. Finalmente lo consigo. Su cuerpo es blanco, casi transparente. La toco, es lisa. Completamente luminosa. Entonces me pregunto dónde debería morder primero. Me decido por una de sus nalgas. Tomo fotografías de todo el suceso. Mi nariz se cubre con su piel fría. Intento continuar pero no puedo. Un repentino dolor de cabeza me distrae. Voy por un cuchillo y lo clavo profundamente en ella. Mucha grasa exuda del corte. Es extraño cómo miles de secretos sutiles y grotescos van poco a poco apareciendo. Tras un montón de capas amarillas asoma algo de carne roja. Corto un trozo y la pongo en mi boca. No presenta olor alguno. Se derrite en mi lengua cual perfecto bocado de pescado crudo. Rebano su cuerpo y levanto la carne repetidas veces. Tomo una fotografía de su cadáver opacado solo por la profundidad de las heridas.



El cadáver de Renee Hartevelt


“Ya desnudo, me tiendo sobre ella y penetro su cuerpo aún tibio. Cuando la abrazo emite una especie de suspiro. Me asusto. La beso y le digo que la amo. Es increíble que aún muerta siga siendo tan reservada. Tiene una nariz pequeña y labios delgados. Mientras vivía ansié morderlos. Ahora puedo satisfacer cuantas veces quiera ese deseo. Mastico el cartílago hasta oír cómo se rompe. Utilizo un pequeño cuchillo para cortarlo aún más. Es duro y desabrido.



“Arrastro su cuerpo hasta el cuarto de baño. Estoy exhausto, sin embargo consigo cortar su cadera. Apuñalo el estómago. Al abrirlo sobresalen gruesos y largos tubos que se enrollan sobre sí mismos. En uno de sus extremos encuentro una bolsa gris. Debe ser su vejiga. Un intenso olor se desprende tan pronto como la levanto. Introduzco mi mano en la cavidad. Agarro otra bolsa. Creo que es su matriz. El hallazgo me paraliza por un momento. Si ella hubiera vivido, habría tenido un bebé en esta matriz. Ese pensamiento me deprime. Saco los tubos. Siento que la piel me arde. El líquido me quema los dedos. Avanzo con el cuchillo eléctrico más arriba, a través de músculos y órganos. Al llegar a la columna vertebral el aparato se detiene y debo recurrir a una pequeña sierra.



“Pongo la carne en una cacerola. Después que todo está listo, acerco la mesa y uso su ropa interior como mantel y servilletas. Retrocedo la cinta con la bella lectura que ha hecho del poema. Noto que falta todavía algo de sabor. Añado sal y mostaza. Su carne es de una calidad espléndida, muy alta.



“Voy de nuevo al cuarto de baño y corto parte de su pecho, que deposito en el horno. Me agacho para observar cómo se hincha mientras se cocina. Lo sirvo tal cual lo he trozado. No es tan bueno como esperaba. Demasiado grasoso. Intento probar en otra parte. Empiezo a comer al azar. Muerdo un dedo del pie. Aceptable.



“Debo extraer la carne antes de amputar los miembros. Toco el cuerpo frío otra vez. Agarro su rodilla y la rasgo con mis dientes. Sus muslos son muy blandos. Mastico lentamente. Cuando miro en el espejo apenas reconozco mi cara, está entera cubierta de grasa. No resisto el sueño. Me recuesto a su lado”.



Exhausto, Sagawa tomó lo que quedaba del cadáver, lo llevó a su cama y durmió con él. A la mañana siguiente pensó librarse de la evidencia, pero al levantarse descubrió que el cuerpo no olía mal aún y continuó comiendo. Al día siguiente del crimen, escribió en su diario: “El zumbido de tres enormes moscas me despierta. Son tan grandes que parecen un enjambre oscureciendo su rostro. Al moverme se despegan. Intento seguirlas, pero escapan. Lo sé. Son la señal de que ya la he perdido, que la he roto para siempre. Como un niño rompe su juguete predilecto.



“Nada en ella huele mal pese al tiempo transcurrido. Continúo comiendo, en particular sus brazos, que es una de sus partes más sabrosas. Recorto el ano y lo meto en mi boca, pero su olor es muy fuerte y me obliga a escupirlo. Al freírlo no ha disminuido su olor, por lo cual lo he dejado al interior del abdomen. Al poco rato, anhelo su lengua. Como no puedo abrir su mandíbula, planeo un modo de alcanzarla a través de sus dientes. Finalmente sale, la hago estallar en mi boca y me miro masticándola en el espejo. Luego voy por los ojos.








“Es necesario terminar con todo esto. Desprender su cabeza es la cosa más difícil que he tenido que hacer. Corto el cuello hasta que puedo ver el hueso, después corto otra vez. Todavía lleva su collar. Intento utilizar el cuchillo eléctrico, pero no funciona. Uso otra vez la sierra. Imagino la guillotina. Es asombrosamente fácil decapitar si se tiene un instrumento eficaz a mano. Con la cabeza despegada de su tallo, ahora es solamente carne. Jalo el pelo y veo como cuelga. Siento ganas de comer sus ojos. Aunque es la parte más fácil de su cara, es terrible insertar el cuchillo en ellos. Puedo ver cómo se deslizan hacia el lado izquierdo de su rostro. Ahora es casi un cráneo. Dejo la cabeza en una bolsa de plástico.



“Pulso varias veces. Requiere de gran esfuerzo cercenar las piernas. Su cuerpo salta. Finalmente se separan. Entonces corto los brazos, que resultan incluso más duros que éstas. El cuchillo eléctrico da resultado esta vez. En su mano izquierda todavía luce el anillo y la pulsera que le regalé hace unos días”.



Días más tarde, la Luna de Miel había terminado. Con un hacha la cortó en pedazos más pequeños para meterla en una maleta que había comprado para este fin. Mientras la desmembraba se excitó y con la mano del cadáver procedió a masturbarse. Cortó su nariz y sus labios, y los guardó para sus fantasías sexuales posteriores. A la medianoche del segundo día guardó todos los pedazos bajo llave en su maleta, llamó un taxi y pidió lo llevara al Bosque de Boulogne. Una vez allí trató de botarla al lago, pero dada su complexión física le resultó muy pesada. Cuando descubrió que varias personas lo miraban se asustó, la tiró rápidamente y huyó. Una pareja que paseaba por el lugar vio una mano de mujer llena de sangre y llamó a la policía.



Cartas manuscritas de Issei Sagawa


Mientras tanto, Issei regresó a su apartamento a disfrutar de los filetes de Renee que conservaba en el refrigerador. Cada día que estuvo en libertad comió pedazos del cadáver.



Dice en su diario: “Ordeno cuidadosamente los platos. Abro el refrigerador. La huelo y miro desnuda ahí adentro. Reconozco cada uno de los segmentos de carne. Esto es parte de su cadera y esto de su muslo. Los frío.



“Su ropa permanece sobre la mesa de cristal. Finalmente corto sus partes íntimas. Cuando toco el vello del pubis, me percato de que tiene un mal olor. Muerdo su clítoris, pero no se desprende, sólo se estira.



"Lo pongo en la sartén y después en mi boca. Lo mastico cuidadosamente y lo trago. Es muy dulce. Sin embargo, cuando está en la boca se hace difícil conectar un trozo de carne con un cuerpo. No guardan semejanza alguna. Pero continuaré comiendo hasta que ellos vengan. Cada día la carne llega a ser más blanda, cada día el gusto más exacto. Más dulce”.



Cuando la policía francesa finalmente llegó a su apartamento con una orden de captura, Sagawa los dejó entrar sin problemas. Abrieron el refrigerador y encontraron pedazos de un cuerpo de mujer, incluso los labios.



El arresto



Issei confesó lo que había hecho y agregó que tenía una historia médica con una enfermedad mental. De hecho, sus descripciones fueron tan detalladas que el juez decidió que él no era competente para juzgarlo.



Sagawa fue condenado a un período indefinido de prisión en el asilo Paul Guiraud. Los tres psiquiatras que lo evaluaron dijeron que nunca se curaría. Su multimillonario padre, Akira Sagawa, presidente de Kurita Water Industries en Tokio, hizo un trato para que en 1984 su hijo fuera transferido al hospital psiquiátrico Matsuzawa en Japón. El fiscal creyó que allí estaría preso de por vida, pero solamente permaneció internado quince meses y quedó libre en agosto de 1985, gracias a su padre.



Issei Sagawa regresa a Japón


Jûrô Kara, escritor japonés, mantuvo correspondencia con Sagawa cuando estaba en la cárcel en París y publicó, en 1983, La carta de Sagawa, obra que fue galardonada con el Premio Akutagawa, la más alta distinción literaria japonesa.



En una carta que Kara envió a Sagawa se puede leer: "Sé lo que es ser mirado por encima del hombro por ciertas mujeres extranjeras. Pero la única que puede conmoverle es la mujer blanca, hasta el punto de que para sus ojos sólo existe ella. En realidad se trata de la ‘Fantasía del Blanco’ para los japoneses. De la búsqueda de la raíz de la atracción por la mujer extranjera, por la piel blanca, a través de las generaciones anteriores, desde los tiempos de Shirô Amakusa hasta la época en que Perry desembarcó en el Japón, más o menos desde 1637 hasta 1853. Cada cultura tiene sus fantasías”.



No podemos saber con exactitud hasta dónde la "Fantasía del Blanco" orilló a Sagawa a comerse a Renée. Lo cierto es que Sagawa no probó todas las partes del cuerpo de ella. No comió vísceras, por ejemplo. A diferencia de sus partes íntimas. Algo que destaca Jean-Luc Hennig en su libro Breve historia del culo es que Sagawa comenzó a comérsela por el glúteo derecho. En el libro In the fog puede verse que sus partes íntimas fueron las que probó al último.



En Japón, Sagawa llegó a convertirse en una celebridad. Escribió varios libros y colaboró en un periódico. Frecuentemente apareció en televisión y llegó a mostrar en videos cómo había matado, cortado y comido a Renee.






Sagawa convertido en estrella de la televisión



Luego dio entrevistas para una revista de cocina y protagonizó una película pornográfica acerca del asesinato, donde aparece mordiendo las nalgas de una actriz porno y se ve a una chica metida en un refrigerador.



Escenas de la cinta pornográfica donde Sagawa actúa su crimen



En la segunda mitad de la década de los ochenta, se publicó en España un cómic titulado Rejas. El primer número era una adaptación del crimen de Sagawa, a caballo entre el porno y un rampante mal gusto, en viñetas explícitas. Mientras tanto, Sagawa también comenzó a pintar. Expuso en Japón y en Europa. Sus pinturas se vendieron en altos precios.



Las pinturas de Sagawa



En 1983, en el álbum Undercover, los Rolling Stones incluyeron una canción titulada "Too much blood" ("Demasiada sangre"), escrita por Mick Jagger y Keith Richards, inspirada en Issei Sagawa, como una forma de rendirle homenaje al único caníbal de la historia que podía asistir a los espectáculos de televisión y a los talk shows para hablar sobre su hazaña.



Ya en el siglo XXI, Sagawa comenzó a escribir una columna acerca de los mejores restaurantes en los que había comido, haciendo recomendaciones gastronómicas. Considerado un artista, Sagawa confesó con cierto esnobismo que la única forma de reivindicarse por el asesinato de la chica holandesa sería ser comido por una mujer occidental joven. Declaró que le gustaría que sucediera. Sagawa afirmaba, con una sonrisa en el rostro: "el público me ha hecho el Padrino del Canibalismo y estoy contento, feliz con eso".



Sus padres murieron en 2005 y en su última entrevista, Sagawa declaró haber perdido todo su dinero y vivir de un subsidio. En 2009, dijo que ser célebre por su antropofagia había terminado siendo una maldición y que pensaba suicidarse en algún momento.



VIDEOGRAFÍA:

Issei Sagawa: Caníbal Superstar (en español)



“Too much blood” - Rolling Stones



Issei Sagawa en Pasajes del Terror




HEMEROGRAFÍA:

Fragmentos del cómic Rejas sobre Issei Sagawa (en español) (20 páginas) (doble click sobre la revista para ampliar y ver todas)




BIBLIOGRAFÍA:





FILMOGRAFÍA:




DISCOGRAFÍA:

Charles Whitman: "El Francotirador de Austin"



"Odio a mi padre con una pasión mortal. Y no puedo soportar las presiones que hay sobre mí. Voy a enfrentarlas solo".
Charles Whitman, en las anotaciones finales de su Diario



Charles Joseph Whitman nació el 24 de junio de 1941 en Florida (Estados Unidos). Fue el mayor de los tres hijos de Charles A. Whitman, un plomero contratista de Lake Worth, Florida.



Charles Whitman de niño, sosteniendo dos rifles en sus manos


El joven Charlie, en tanto hijo mayor, pronto aprendió que era más seguro hacer lo que su padre pedía, pues de otra manera podían golpear su cabeza o la de su madre.



A su vez, aprendió que cualquier muchacho debía conocer y manejar con habilidad las armas, pues si lo olvidaba, su padre se encargaría de recordárselo.



Charles Whitman con su violento padre


Whitman llegó a ser boy scout de primera clase a los doce años, una proeza inusual en sí misma, y a la vez tenía la ruta más grande y eficiente de entrega de periódicos de su ciudad. Llegó a ser un pianista aficionado, un jovencito modelo que otros padres ponían de ejemplo a sus propios hijos.



Whitman con su familia


Poco después, se integró a algunas actividades eclesiásticas. El mundo adoraba a ese apuesto monaguillo, pero desconocía que Charlie ocultaba una historia de horror doméstico: la de un padre dispuesto a golpear a su madre o a tomarla contra él.



Whitman como monaguillo


Nadie ponía atención a su manía compulsiva de morderse las uñas, porque dentro de sí sabía que nada de lo que hiciera podía ser lo suficientemente bueno para su progenitor.



En su Diario, Whitman hablaba de su padre: “Era estricto con sus tres hijos, era cosa de 'sí, señor' o 'no, señor'. Todos lo obedecían”.



El Diario de Whitman


Luego de graduarse de la preparatoria en 1959, Whitman decidió unirse a los marines, donde fue entrenado como francotirador. Su puntería era excelente. En 1964 ganó media beca para estudiar ingeniería en la Universidad de Texas, donde conocería a su futura esposa, Kathleen Leissner, “Kathy”.



Kathleen “Kathy” Leissner, esposa de Whitman





El día de su boda


Charles Whitman se destacó como un tirador experto en el Ejército: su padre le había enseñado el manejo de las armas y, sobre todo, le había impuesto una férrea disciplina a través de una violencia inaudita.



Whitman como marine




Ex marine, ex boy scout y ex monaguillo, una serie de circunstancias dieron de golpe en la personalidad de ese joven triunfador.



Whitman de vacaciones antes del estallido






Whitman durmiendo con su perro


Una personalidad perfeccionista desarrollada por medio de la fuerza de su padre; la obligación de mantener una escala alta en su último año de estudios en la Universidad; la tirante relación con su madre cuando ella decidió abandonar a su marido que la golpeaba; los trabajos de medio tiempo para solventar sus necesidades financieras; un incipiente matrimonio y, para colmo, un tumor que crecía en su cerebro y del cual él no tenía conocimiento.




Le comentó a sus amigos la posibilidad de dejar a su esposa antes de comenzar a golpearla, pero lo convencieron de seguir con ella. Habló entonces con Maurice Dean, el psiquiatra de la Universidad, a quien le comentó que se sentía como si pudiera "subir a la torre con un rifle de caza y empezar a dispararle a la gente”. Pero el médico no le hizo caso.






El psiquiatra de Whitman


En 1966, sus padres se separaron tras veintiséis años de matrimonio a causa de los maltratos del padre de Whitman. El 31 de julio de 1966, Charles Whitman se sentó en su escritorio y escribió en su Diario: "No comprendo qué me lleva a escribir esto. Ya fui al psiquiatra. He tenido miedos e impulsos violentos. En el pasado tuve dolores de cabeza tremendos. Después de mi muerte, quiero que me hagan una autopsia para ver si tengo un daño cerebral. Intenté matar a mi esposa después de haberla recogido del trabajo. No quiero que tenga que enfrentarse a la vergüenza que mis actos seguramente le causarán. La vida no vale la pena vivirla".



Todo se colapsó al otro día. Por la tarde escribió algunas cartas de despedida. Unos amigos suyos lo visitaron en su casa y después se marcharon; lo notaron muy tranquilo. La madrugada del 1 de agosto de 1966, después de recoger a su esposa en el trabajo y regresar a casa, tomó una pistola y fue a casa de su madre.



La Torre del Reloj en la Universidad de Austin, Texas





En el forcejeo, una de las manos de la madre acabó con los dedos rotos porque Whitman se los aplastó con la puerta; luego la hirió en el mentón; Whitman la tiró al piso y la apuñaló varias veces en el pecho, hasta que su madre cayó al piso. Una vez allí le disparó en la nuca, matándola instantáneamente. La levantó y la colocó en la cama para simular que dormía. Luego limpió las manchas de sangre de la alfombra. Junto al cuerpo dejó una nota acusando a su padre. Además, el mensaje decía: "Amo a mi madre con todo mi corazón".





El edificio donde vivía la madre de Whitman



El cadáver de la madre de Whitman



Cuando regresó a su casa, agregó a su Diario lo siguiente: "12:30 de la noche. Acabo de matar a mi madre. Si existe el cielo, ella está allí ahora. Si no existe, ha dejado de sufrir". Fue entonces a su habitación y apuñaló a su esposa, quien dormía desnuda, hasta matarla. Agregó a su Diario: “3:00 de la mañana. Madre y esposa, muertas”.




El cadáver de la esposa de Whitman y la casa del asesino


A las 9:00 de la mañana dejó su casa y compró una carabina de segunda mano .30 M-1. Se dirigió a otra tienda y compró cientos de balas. A las 9:30 estaba en Sears & Roebuck comprando una escopeta calibre 12. Después fue a una tienda de herramientas para comprar una carretilla. Regresó a su casa, donde alteró las armas compradas e incluso se detuvo a platicar con el cartero.



Posteriormente, el cartero declaró que sabía que lo que Whitman hacía con las armas era ilegal, pero en ese momento no pensó que habría problema alguno. Cerca de las once de la mañana, Charles Whitman sudaba copiosamente. Había terminado de guardar el equipo que consideraba necesario: un par de escopetas, dos rifles, tres pistolas y mil cartuchos, todo ello envuelto en una sabana dentro de una maleta. Y con éstos, doce latas de comida, seis paquetes de pasas, un termo con café, masking tape, una llave inglesa, un martillo, un desarmador, un radio, tapones para los oídos, cerillas, combustible para fogatas, once litros de agua, once de gasolina, un reloj, una linterna, pinzas para colgar ropa, papel higiénico, lentes oscuros. Y, para rematar, desodorante en aerosol y un antídoto para mordeduras de serpientes. Whitman no iba de campamento: se preparaba para la caza mayor. Tomó sus armas (siete en total) y las puso en la carretilla. Se puso dos overoles grises, colocó el armamento en su auto y partió a la universidad.




El arsenal



Cuando llegó a su destino, la Torre del Reloj de 93 metros de altura en la Universidad de Austin, la temperatura era de 37 grados.




Whitman condujo su camioneta al elevador de la Torre y caminó hacia Edna Townsley, de 51 años, quien trabajaba en un escritorio. Whitman la golpeó en el cráneo con la culata del rifle, pero no la mató. Tomó sus armas y siguió su camino.



Pocos minutos después, una familia salía del elevador para subir por unas escaleras hacia la cima de la Torre, cuando Whitman apareció y soltó tres tiros al grupo. Mató a Mark Gabour, de 15 años, y a su tía Marguerite Lampo, de 45, e hirió a los demás.










Mientras el elevador iniciaba su ascenso hacia el piso 27 de la Torre de la Universidad de Austin, Texas, Whitman descubrió que no podía dar marcha atrás. Se sintió el dueño del mundo y respiró hondamente observando al universo a sus pies, y a los humanos como pequeñas hormigas que pululaban en aquella ciudad triste y agresiva.



Whitman atrancó la puerta que daba a la cima de la torre y regresó con la recepcionista, a quien le dio el tiro de gracia. Salió al mirador de la Torre, donde halló protección tras el muro de 45 centímetros de espesor que lo rodeaba.



A las 11:45, se parapetó en aquella terraza desde donde podía disparar a sus anchas. Cortó cartucho en su rifle Remington. En el ojo de su mente sólo estaba la imagen de su padre. El césped, las paredes blancas, los tejados rojizos del campus habían desaparecido: para Whitman el universo se había reducido a una serie de puntos de colores estáticos o móviles que resaltaban en la hierba y el asfalto. No lo pensó más: el primer disparo atravesó la pierna de un ciclista y el impacto de bala inicial fue suficiente para que la adrenalina fluyera como agua cristalina que en unos cuantos segundos se tiñó de rojo; la víctima era Alec Hernández, de 17 años, quien entregaba periódicos en el campus. Después comenzó a disparar a todo aquel digno de sus balas.



El sitio desde el cual Whitman disparó


La primera llamada a la policía fue a las 11:52. En poco tiempo todos los policías disponibles de Austin estaban en la escena. Uno de ellos, Billy Speed, de 22 años, se escondía detrás de una balaustrada cuando un disparo de Whitman lo alcanzó y lo mató. Los puntos en la hierba caían como los patitos mecánicos de un parque de diversiones. La imagen era digna del Apocalipsis: una lluvia de plomo que traía destrucción y muerte aquella mañana del primero de agosto de 1966.



Como a 100 metros de la escena del drama, un electricista se bajó de su camioneta para ver lo que pasaba cuando recibió un impacto de bala en el mentón que lo mató en poco tiempo.



Una de las tácticas usadas por Whitman para matar más gente fue la de usar a los heridos como anzuelo. Cuando alguien trataba de ayudar a una víctima, Whitman le disparaba. Así le sucedió a Paul Sonntag, de 18 años, quien corrió para ayudar a su novia, Claudia Rutt, quien recibió un disparo mientras compraba algo. Cuando se acercó a ella fue aniquilado. Ambos murieron antes de que alguien más pudiera ayudarles.



Pero los asesinatos no se limitaron a distancias cortas. Harry Walchuk, de 38 años, estaba a algunos centenares de metros hojeando unas revistas cuando una bala le atravesó la garganta, matándolo. Whitman miraba hacia todos lados, disparando en todas direcciones, lo que hizo que la policía pensara que se trataba de una pandilla disparando desde la torre. La mayoría de las muertes ocurrieron en los primeros veinte minutos de la masacre. La puntería de Whitman era mortalmente precisa, atinándole a la mayoría de sus víctimas en órganos vitales, principalmente alrededor del corazón. Los Marines le habían dado buen entrenamiento.



La policía abordó un helicóptero para intentar darle un tiro a Whitman, pero treinta minutos después desistió a causa del viento y por temor a que el asesino le disparara a la hélice. La policía se dirigió al edificio; tres oficiales entraron en la torre, donde se encontraron con Alan Crumb, antiguo miembro de la Fuerza Aérea, y subieron las escaleras.



Alrededor de las 13:20, dos oficiales, Ramiro Martínez y Houston McCoy, junto con Alan Crumb, alcanzaron la cima de la torre para enfrentarse a Whitman. Explicaron que él intentó dispararles, pero ellos se anticiparon, aunque no hubo evidencia de esto.




Whitman recibió por lo menos seis balas de la pistola de Martínez, quien le vació el arma. Pero Whitman se seguía moviendo y no soltaba su rifle. Le dieron dos tiros de escopeta en el cuerpo a bocajarro, pero seguía vivo. Finalmente, Martínez le dio un escopetazo en la cabeza, matándolo.




Algunas horas después, el nombre de Whitman inundó la prensa. Cuando su padre llamó a la policía para preguntar por la madre y la esposa de Whitman, se le explicó lo sucedido.



El padre de Whitman, entrevistado y lloroso durante el funeral de su hijo




En total, sumaron quince las víctimas, más uno de los heridos que murió después. Entre los caídos estaban dos mujeres embarazadas, una de ellas con ocho meses de gestación que recibió un tiro en el estómago, matando al bebé, lo que elevaría la cifra a diecisiete.




Las víctimas











La autopsia reveló que Whitman tenía un tumor cerebral en la parte que controla las emociones. Esto derivó en dos teorías: un informe indicó que el tumor era maligno y que hubiera acabado con su vida en un año, además de que pudo contribuir a que perdiera por completo el control. Otro informe señaló que el tumor era benigno y no le causaba dolor. Lo cierto es que Whitman no se equivocó al suponer que tenía algo mal en la cabeza.




Houston McCoy



Ramiro Martínez



El cadáver de Charles Whitman tras ser abatido a tiros





El caso Whitman se convirtió en materia de estudio y escándalo, y más tarde llegó al cine a manera de inquietante ficción o terrible documental, como lo muestran las impactantes imágenes reales que se incluyen en El asesinato de los Estados Unidos (1983): un escalofriante documento verista de Sheldon Reenano.



Los titulares sobre el asesino en masa







Caricatura sobre Whitman


Asimismo, Kurt Russell interpretó a Charles Whitman en el eficaz telefilme La torre de la muerte (1975) de Jerry Jameson. Curiosamente, The deadly tower (su título original) no se centra en Whitman, quien permanece como una remota máquina de matar, sino en el oficial Ramiro Martínez policía mexicano estadounidense, quien arriesgó su vida para inutilizar a Whitman con un certero disparo en la cabeza.




Mapa de los crímenes



El caso Whitman alcanzó altas dosis de delirio fílmico con el audaz debut del ex joven prodigio Peter Bogdanovich con su filme Míralos morir (Targets) (1968), que disfraza con habilidad el hecho verídico para trazar una historia de horror y locura urbana que tiene como protagonistas al cine mismo y a una extrema psicopatía criminal.



Tumba de Charles Whitman


La Torre del Reloj se reabrió al público en julio de 1967, pero se produjeron varios suicidios, así que fue cerrada de nuevo en 1975. Las pertenencias que Whitman llevó a su cacería en la torre permanecieron bajo custodia policial hasta 1972. Luego se subastaron y un vendedor de armas de Kansas pagó $1,500.00 dólares por el lote de rifles.



Tumba de su esposa Kathy



Tumba de su madre




VIDEOGRAFÍA:

Charles Whitman en Asesinos en serie (en español)



Charles Whitman en Índice de maldad (en español)



Charles Whitman en Killing of America (subtitulado en español)



”De cacería” – Def con Dos




BIBLIOGRAFÍA:










FILMOGRAFÍA:






DISCOGRAFÍA:

TAMBIÉN TE SUGERIMOS LEER:

Entrada destacada

Charles Manson y "La Familia": "Helter Skelter"